HISTORIA
 LISTADO PERSONAJES


 

El 8 de marzo de 1825 se decretó la apertura de una calle de 6 varas de ancho, por los terrenos de la chacra de don José Juan de Dios Rodríguez, para dar fácil acceso al cementerio, cediéndosele a este caballero, en compensación del terreno tomado, “un medio sitio ubicado en la calle ancha de la Portada”. Esta permuta se aceptó.  

Sin embargo, transcurrieron dos años sin que el uno se concluyera ni la otra se abriera. Entonces, el 3 de abril de 1827, se comisionó al sacerdote José Agustín de la Sierra y al presbítero Marcelino Pérez para que se hicieran cargo de la conclusión del panteón y de la apertura de la calle, dándoseles para esto $500 al contado y la mitad de la cadena de presos.      

Seis meses después, el 10 de octubre de 1827, se decretó e hizo saber públicamente  que quedaba prohibido enterrar cadáveres en las iglesias.    

                      

En el Llano Bellavista

El 8 de julio de 1830, en sesión municipal, debido a la imposibilidad de sostener los gastos ocasionados por el camposanto, y considerando que el sacerdote percibía los derechos de sepultura, “se acordó se oficiase por el gobernador local a aquel magistrado, indicándole que contribuya con la mitad del ramo de sepultura o sostenga con su producto los empleados necesarios para el servicio de ese establecimiento”. El cura se negó y en consecuencia se suprimieron las plazas de conductor y sepulturero.

Este panteón estuvo en el sitio eriazo del llano Bellavista, y se componía de un cuadrilátero de murallas de adobes. El monumento cinerario que destacaba era el de Manuela Barrios de Munizaga.

Cuando los terrenos eriazos, por la prolongación del canal de Bellavista, se convirtieron en productoras haciendas de regadío, el panteón quedó ocupando el punto casi céntrico de uno de los potreros de propiedad de Joaquín Vicuña.

Aun no concluido el que hoy existe, se ordenó que los restos se trasladasen gratuitamente al osario, cuya faena se encomendó a los presos, sin perjuicio de que algunas familias exhumaran a sus deudos y los colocaran en las sepulturas que habían comprado en el nuevo cementerio.

Debido a su desaseo y al riesgo de sufrir anegamientos por encontrarse en un lugar bajo (y por la conclusión del canal de Bellavista, que colgaba sus aguas inmediatamente bajo de él), el Intendente de la provincia, Juan Melgarejo, se propuso construir un cementerio digno, ordenándolo erigir el 28 de abril de 1842. Producto del interés de la población para su emplazamiento, fue nombrada una comisión para recolectar erogaciones voluntarias.

A pesar de esta medida, el 20 de febrero de 1842 se facultó para que se otorgara escritura pública a favor de la cofradía de Andacollo por la cantidad de $ 4 mil, al 6 % anual, para el camposanto. Más de un año después, el 28 de agosto de 1843, se ordenó hacer carteles que especificaran el tiempo de tres meses para las exhumaciones de los cadáveres que aun  quedaban sepultados en el antiguo panteón y que debían ser conducidos al nuevo.     

Características  

El Cementerio Municipal de La Serena está ubicado al oriente de la ciudad, sobre la meseta del cerro denominado Santa Lucía. Más específicamente en el comienzo del llano de Bellavista, en un terreno cedido gratuitamente por Joaquín Vicuña, cuya superficie es de 157 áreas.

La totalidad de su frente está edificado de piezas altas de dos aguas, con techos de madera, teniendo al centro la capilla con una modesta torrecilla y en su interior un altar central y circular. En ese entonces, contaba con un depósito, sala de disección y muchos aposentos, además de los necesarios para los empleados, integrados por un capellán, un mayordomo y dos sepultureros, que hacen las veces de conductores de cadáveres, jardineros, etc. El lugar era vigilado por un administrador, funcionario municipal, que desempeñaba el cargo en forma gratuita.

Su interior estaba dividido en dos partes. La primera, a su vez subdividida en dos, estaba reservada a las sepulturas de primera y segunda clase. La segunda, más pequeña, contiene el osario, las sepulturas de caridad y las cocheras para carrozas y carretón.

Los jardines y los árboles de dolientes ramajes, como el sauce de Babilonia o llorón, le daban un aspecto agradable, desterrando en parte la tristeza que genera una visita a lugares de esta naturaleza.

La municipalidad acordó conceder una sepultura gratis de primer orden al que “estrenara” el cementerio, correspondiéndole esta “suerte” al pudiente vecino Gregorio Cordovez del Caso. 

De acuerdo  al acta del 26 de julio de 1852, se determinó colocar en un lugar visible, con caracteres sólidos y duraderos, la siguiente inscripción : Debido al empeño y constancia del benemérito intendente don Juan Melgarejo.

Este rótulo en mármol con letras doradas existía sobre la puerta de la capilla que da al interior. También se le dedicó una sepultura perpetua para que reposaran sus restos. El acta citada termina “Si don Juan Melgarejo falleciere en cualquier otro punto de la república, la municipalidad a su costa hará conducir sus restos a esta ciudad”. Hasta su conclusión fueron invertidos $ 25 mil.

De acuerdo al texto de Manuel Concha, “Crónicas de La Serena”, fue bendecido el 6 de agosto de 1846. Aunque extraoficialmente el primer fallecimiento, de Gregorio Cordovez, fue en 1843. Así que lo más probable es que ésta haya sido trasladado al camposanto una vez que estuvo en funcionamiento.

Habitantes Bajo Tierra

Porque las frías tumbas son algo más que testimonios de los dolores y recuerdos de los que se han ido; son el testimonio de la historia, del ansia de permanecer a través de monumentos funerarios, de los personajes, tales como Gregorio Cordovez, Buenaventura Osorio, Isabel Bongard,  Joaquín Vicuña Larraín, Pedro Pablo Muñoz, Benjamín Vicuña Solar, Francisco Cornelly, los Floto, familiares de Gabriela Mistral, y tantos otros.

Actualmente en el Cementerio Municipal de la Serena hay sepultadas alrededor de 14 mil personas. Trece mil están en nichos, 300 en bóvedas y unas 500 en mausoleos. El camposanto tiene aproximadamente 35 mil metros cuadrados, equivalentes a 3.5 hectáreas.

Está integrado por cuatro patios. En el primero de ellos, que corresponde a la primera parte del recinto, están bajo tierra aquellos que fallecieron entre 1843 y 1900, como es el caso de Gregorio Cordovez. Este sector también se caracteriza porque allí se encuentra la mayoría de los mausoleos, tanto institucionales como familiares. Por ejemplo, los de la colonia francesa, italiana y española; el de Bomberos; el de la Iglesia San Francisco y La Merced; el de la Sociedad Viera, de la Sociedad de Artesanos, el del Colegio de Profesores, del Servicio Nacional de Salud, del Sindicato de Suplementeros, de los veteranos del 79 y de las Fuerzas Armadas.  

En suma, esta “ciudad de los muertos” constituye un patrimonio cultural tanto a nivel regional como nacional, pues es el lugar donde hoy conviven historias y los personajes que tuvieron una connotación política, económica, social y cultural en la historia de la ciudad de La Serena.